lunes, 21 de noviembre de 2016

Las mentiras y sus mentirosos (Parte 1)



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Generalmente mentir no es tan simple y las mentiras más crueles son dichas en silencio.
Mentir es una característica tan central de la vida que una mejor comprensión de ello resulta pertinente para casi todos los asuntos humanos. A algunos esto que digo los hará agitarse de indignación, porque entienden que la mentira es siempre algo censurable, o acaso no es eso lo que nos inculcan desde niños?, pero piensen en cuantas mentiras dicen por semana, o tienen que escuchar de otros… Paul Ekman (2009) sostiene al respecto: …”No comparto esa opinión. Proclamar que nadie debe mentir nunca sería caer en un simplismo exagerado... También las mentiras pueden ser crueles, pero no todas lo son. Algunas son altruistas. Hay relaciones sociales que se siguen disfrutando gracias a que preservan determinados mitos. Sin embargo, ningún mentiroso debería dar por sentado que su víctima quiere ser engañada, y ningún descubridor de mentiras debería arrogarse el derecho a poner al descubierto toda mentira. Existen mentiras inocuas y hasta humanitarias. Desenmascarar ciertas mentiras puede provocar humillación a la víctima o a un tercero…”
Qué es mentir?
Muchas personas suministran información falsa contra su voluntad, faltan a la verdad sin por ello mentir. Pensemos en alguien  que tiene la idea delirante de que es el Oso Yogi, no es un mentiroso, aunque lo que sostiene es falso, o no? O si la apariencia de alguien transmite una falsa impresión, no está mintiendo necesariamente, como no miente la Mantis religiosa que apela al camuflaje para asemejarse a una hoja de vegetal, como no miente el tipo cuya frente ancha sugiere un mayor nivel de inteligencia del que realmente tiene...
La persona que miente está en condiciones de elegir entre mentir y decir la verdad,  conoce la diferencia y decide mentir, engañar a su víctima, y esta a su vez no pide ser engañada.
A menudo, para llevar adelante el engaño y sostenerlo es preciso que se combine el ocultamiento con el falseamiento, pero a veces el mentiroso se las arregla con el ocultamiento solamente. No todo el mundo considera que el ocultamiento es una mentira, hay quienes reservan este nombre sólo para el acto más notorio del falseamiento, pero basicamente, y a pesar de cualquier artilugio retorico, convengamos que, concretamente, es otra forma de mentir. Aunque los que mienten suelen sentirse menos culpables cuando ocultan que cuando falsean, pero en ambos casos sus víctimas resultan igualmente perjudicadas.
Por otra parte, las mentiras por ocultamiento son mucho más fáciles de disimular una vez descubiertas. El mentiroso no se expone tanto y tiene muchas excusas a su alcance:  su “ignorancia del asunto”, o su “intención de revelarlo más adelante”, o la memoria que le está fallando, etc.
Peeeero es fácil ocultar una emoción cuando no se siente, es mucho más difícil ocultar una emoción realmente sentida, en especial si es intensa. El terror es menos disimulable que la preocupación, la furia menos que el disgusto. Cuanto más fuerte sea una emoción, más probable es que se filtre alguna señal pese a los esmerados esfuerzos del mentiroso por ocultarla. Simular una emoción distinta, una que no se siente en realidad, puede ayudar a disimular la real. La invención de una emoción falsa y su actuación, puede encubrir a otra ocultándola. Así es como todo se va enroscando cada vez más demandando un esfuerzo y pericia cada vez mayor por parte del mentiroso. Después de todo, todos contamos con un sistema nervioso autónomo, un sistema Límbico, un inconsciente, más o menos sentimientos de culpa y lo principal, no todos somos psicópatas.   
Algún aspecto del comportamiento del mentiroso puede traicionarlo/a. Existen dos clases de indicios del engaño: un error puede revelar la verdad, o bien puede sugerir que lo dicho o lo hecho no es cierto. Sin embargo, lo que nos convoca aquí son los errores cometidos durante el acto mismo de mentir lógicamente contra la voluntad del que miente, conductas que llevan las mentiras al fracaso. La pista sobre el engaño  puede presentarse en:  Un cambio de la expresión facial, un movimiento del cuerpo, una inflexión de la voz, un ritmo respiratorio excesivamente profundo o superficial, largas pausas entre las palabras, un lapsus verbal, una microexpresión facial, etc.
Las microexpresiones son movimientos involuntarios de los músculos de la cara, en momentos especialmente emotivos y que estén relacionados con una situación que pueda provocar considerable ansiedad, ya sea por motivos positivos o negativos.  En la actualidad, se ha determinado que las siete emociones básicas (Alegría, rabia, tristeza, sorpresa, desprecio, miedo y asco) no pueden ser “falsificadas” de manera perfecta. Las micrexpresiones se producen de manera involuntaria en muy breves fracciones de tiempo. Uno de los creadores de este concepto es el Dr. Paul Ekman, experto investigador con mucho más de treinta años (desde 1970) de trabajo desarrollando la teoría que relaciona las microexpresiones y el engaño.
Ekman sostiene que las personas no escogen deliberadamente el momento en que sentirán una emoción, por el contrario, lo común es que vivencien las emociones como algo que les sucede pasivamente, así sea en una mínima fracción de tiempo.  No sólo hay pocas opciones en lo inherente al momento de experimentar una emoción, sino que además nos damos cuenta de que no hay demasiado para elegir en cuanto a manifestar o no ante los demás sus signos expresivos automáticos característicos, y esto es lo que delata la mentira; solo que muchas veces nos encontramos concentrando toda nuestra atención, únicamente en las palabras que nos dicen, como el espectador que sigue fijamente las manos del ilusionista.


martes, 15 de noviembre de 2016

El nacimiento de un niño con discapacidad


El nacimiento de un niño con discapacidad es un acontecimiento que irrumpe conmocionando al grupo familiar, afectando su dinámica y generando diferentes reacciones entre sus miembros. Es un suceso que se precipita desde lo inesperado, desde lo impensado, pudiendo generar tristeza, dolor, hiperactividad, ira y hasta la desintegración de la pareja adjudicándose culpas y vivencias de castigos que no tienen razón de ser.

Resultado de imagen para hijo con discapacidadComo sostiene Fainblum 2008, todo niño se gesta y se produce su nacimiento, en primera instancia, a nivel no biológico; tiene su primera existencia en el deseo de sus padres, en sus palabras, en sus deseos y anhelos.
Se dicen cosas como “será doctor”, “será abogado”, “actor famoso”, “jugador de futbol” seguramente tendrá el color de ojos de… Siempre algo en relación con la historia de los padres se encuentra presente en ese niño, viene con una expectativa particular, la de completar, rectificar esa falta en la historia de los progenitores.
En ese niño se juega el narcisismo de los padres, su “Ideal”, viene a ocupar el trono, “His majesty the Baby”, como sostiene Freud 1914 en Introducción al Narcisismo:
“…deberá realizar los deseos incumplidos de sus progenitores y llegar a ser un gran hombre o un héroe, en lugar de su padre, o si es mujer casarse con un príncipe, para tardía compensación de su madre.  El punto más espinoso del sistema narcisista, la inmortalidad del yo, tan duramente negada por la realidad, conquista su afirmación refugiándose en el niño…”
Entonces el niño que nace con  discapacidad cae de ese lugar perfecto, idealizado de sus padres, sumergiéndolos en un arduo trabajo de duelo, el duelo por ese niño soñado que no es.
Lo padres pueden pasar por etapas de resistencias al diagnóstico, negación,  odio hacia los profesionales o hacia ellos mismos pudiendo sentirse culpables de la discapacidad de su niño. En la pareja puede aparecer hostilidad, acusaciones mutuas, distanciamientos. Se pueden reactivar situaciones conflictivas previas de la pareja y de la historia de cada uno de los progenitores, activadas por el dolor sentido.
En el caso de que hubiera otros niños, inintencionadamente puede ocurrir que se los descuide o que se intente ocultar la realidad de la discapacidad de su hermano, ya que ellos mismos no la pueden aceptar en estas primeras instancias, se conmociona todo el núcleo familiar.
Hace algunos años, fui convocado a una jornada sobre discapacidad en una asociación de padres de niños con discapacidad muy conocida en argentina. Al momento de asistir pensé que iba a ser otra jornada más, como tantas otras donde se iban a transmitir y debatir  los lineamientos conductuales y estrategias de intervención que, en lo personal, ya había visto y estudiado en reiteradas oportunidades.
En parte no me equivoqué, pero para mi sorpresa en un momento determinado se presentó el presidente y fundador de la asociación, el Dr. G. padre de un joven adulto con discapacidad, que según nos comentó, se había arrancado, años antes, sus dientes a  golpes en conductas compulsivas de autoagresión.  El Dr. G. nos dirigió unas palabras, palabras que siempre recordaré, nos habló del sufrimiento que él y su esposa, ahora ex esposa, padecieron  a partir del nacimiento de su hijo discapacitado, sufrimiento que se podía ver aun en sus ojos mientras encaraba al auditorio lleno de profesionales de la salud mental. Así nos dijo:
“… No se imaginan el dolor que se siente al saber que ese bebé que estas esperando tanto tiempo tiene una discapacidad, la única manera de tratar de explicárselos es pedirles que piensen en las imágenes de la caída de las Torres gemelas del 11 de septiembre, NOSOTROS ERAMOS LAS TORRES, esa es la sensación de lo que se vive en esos momentos, nos derrumbamos…”
Por ello nos aconsejó que como profesionales de la salud tengamos siempre presente la situación en la que se encuentran los padres de los niños con discapacidad, su necesidad de ser contenidos, escuchados y acompañados en ese proceso que, efectivamente a pesar de resolverse y en la mayoría de los casos parece dotarlos de un empuje y fortalezas admirables, le subyace un dolor y una tristeza que los acompaña toda la vida.

                                                     Lic. Carlos Ontivero.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Hacer terapia "nos cambia la cabeza"

¿Por qué decimos que el hecho de hacer terapia nos cambia la cabeza?
Pensémoslo de la siguiente manera: Uno que tiene su vida bajo control, un día aparentemente como todos los demás, se levanta e inicia las actividades de su cotidiano vivir. Hasta aquí, todo bárbaro, no pasa nada.  Pero, y quizás  muchos acuerden conmigo y otros no, en ocasiones  suceden cosas que nos movilizan, como quien diría, nos conmocionan, producen la sensación de que algo se precipita, así como si fuera un corrimiento de las placas tectónicas de la estructura psíquico-emocional… entonces el  tinglado que, (a veces más robusto, a veces más cachivacheado) y que, como mencioné en un principio, daría cuenta de aquella condición inicial de “tener toda la propia vida bajo control”, comienza a convocar a la tan eficaz angustia. Y digo eficaz, porque determinado tipo de  angustia, funcionaría a predominio de señal, una señal de que algo, y quizás ni siquiera sepamos qué, no anda del todo tan bien como uno creía.
Entonces, y en el mejor de los casos, la persona se da cuenta de que algo le sucede y decide que eso no es para sí, y que elige vivir de otra manera, decide sentir-se bien.  Así es que muchos buscan ayuda y consultan.
Ahora, ¿qué se espera de un espacio psicoterapéutico?
Se pueden esperar muchas cosas… así, muchos asisten con la fantasía de que el profesional con sus palabras va a accionar un mecanismo instantáneo de reseteo psicodinámico y la angustia desaparece como por arte de magia… y la verdad, esto no es una expectativa viable.  Hay otros que tienen la sensación de que, si hablan y hablan,  recuerdan y se regodean en aquellas cuestiones que los angustiaron y angustian, ya está, se curaron.   Y si esto no sucede el psicólogo no-sa-be-na-da.  Bueno… estos deeentro de todo están más orientados que los anteriores. Pero tampoco funciona así.
¿Y entonces? ¿Qué del espacio terapéutico te “cambia la cabeza”?

La reelaboración, no se trata simplemente de recordar sin hacerse cargo, se trata de reelaborar, eso “te cambia la cabeza”, ¿y de qué se trata? de poder hacer algo distinto con lo que pasó, poder re-nacer, construirse desde las propias experiencias de vida, cada uno con sus tiempos lógicos… y ahí sí, podemos decir que la terapia nos cambia la cabeza. 

domingo, 3 de julio de 2016

El sueño y el dormir

El pueblo griego, hace miles de años, sostenía que el sueño era una actividad gobernada por los dioses, específicamente por Morfeo hijo de Hipnos (quien era la personificación misma del sueño), y a su vez sobrino de Tánatos (dios de la muerte no violenta). Pensemos que ambos, Hipnos y Tánatos eran hermanos gemelos descendientes directos de la noche, o la oscuridad.  
Morfeo  se corporizaba en los sueños de los mortales adoptando la forma de seres conocidos del  soñante, y así, se creía que los dioses influían en los mortales.  Los romanos, se sirvieron también de estas tradiciones griegas, y al igual que la mayoría de las culturas antiguas, le dieron particular importancia a los sueños y sus designios; se dice que,  llegaron a decretar la obligatoriedad de revelar cualquier sueño relacionado con el imperio para ser evaluado así su mensaje divino.  Los hebreos, aunque eran monoteístas, también los relacionaban con mensajes de Dios padre todo poderoso. Nuevamente, en este paradigma, se creyó que las pesadillas eran intervenciones de seres malignos que influían sobre las escenas y pensamientos “más oscuros” de las personas.
Pero volvamos brevemente a los griegos. Aristóteles, por otra parte, no estaba de acuerdo con sus contemporáneos, él sostenía que los sueños eran elaborados gracias a los vestigios de las experiencias conscientes de la persona; es más, creía que el sueño podía, inclusive, actuar inconscientemente en el soñante pudiendo provocar, mediante su insistencia,  que el evento soñado se produjera en la vida real.
Freud S., en el año 1900, en su obra (Die Tramdeutung), La Interpretación de los Sueños, trabaja sobre el descubrimiento del inconsciente, como esa localidad psíquica, en  donde determinado contenido queda en una instancia diferente a la conciencia del ser humano, pero no por ello ese contenido estaría inactivo o careciendo de importancia para el sujeto. Todo lo contrario, a diferencia del precepto cartesiano, Freud va a postular que justamente: “Se existe allí, donde no se piensa”, en el inconsciente y utiliza la dinámica del sueño para dar cuenta de ello.
El inventor del psicoanálisis, va a decir que aquellos contenidos traumáticos, de origen sexual, y aun más los infantiles, generan una tensión intolerable para la conciencia, por ello, mediante un mecanismo psíquico especifico denominado represión, ejecutado por un aspecto moral, el sujeto evade, en principio, estos pensamientos sepultándolos en “el inconsciente”, allí la consciencia del sujeto no tiene acceso directo a ellos.   
Ahora, ¿cómo es que estos pensamientos tan temidos o ingobernables actúan, si se encuentran en un lugar donde no pueden ser pensados?  Freud sostenía que, por ejemplo, durante el sueño, la censura psíquica que debe mantener estos deseos a raya, cede en su intensidad de trabajo, permitiendo que estos se agiten nuevamente. Si falla la elaboración onírica haciendo uso del resto diurno (concepto similar a lo postulado por Aristóteles) y de los camuflajes propios de los deseos en el sueño;  se generan significativas angustias y fuertes ansiedades, al enfrentar al sujeto, nuevamente con sus peores deseos y pensamientos incoercibles.
Entonces, en palabras de Freud, el sujeto sueña porque el relajamiento nocturno de la censura deja entrar en actividad el impulso ascensional de la fijación traumática; si fallase la función de su elaboración onírica (que debería transformar los recuerdos de los sucesos traumáticos en cumplimientos de deseos), el sujeto despierta ansioso y angustiado.  Inclusive existe el insomnio por temor a soñar con determinados contenidos psíquicos.


Por todo lo mencionado, podemos asegurar que dormir y despertar va más allá de los aspectos neuro bióticos de las conexiones reticulares, de la corteza cerebral, las funciones del Tálamo y tronco cerebral. Por lo que podrán recetarse medicaciones hipnóticas ansiolíticas, tan comunes en estos tiempos, pero siempre subyacerá un aspecto psicológico que requiere de ser tratado de manera adecuada. Después de todo, quizás, aún le tememos a las deidades que llevamos incorporadas.
Realizado por el Licenciado en psicología Carlos Ontivero.

jueves, 5 de mayo de 2016

Paul MacLean y sus tres cerebros


Paul MacLean McLean 1990 postula que, si bien en una sola estructura, nuestro sistema nervioso central contiene “tres cerebros” – momento, no cambie de página, lo explicamos-  estos se disponen en relación a su orden de aparición en la historia de la evolución del hombre.   En su teoría, el autor menciona primero un cerebro, denominado reptiliano, luego un Cerebro Límbico, afín con las capacidades de los mamíferos más primitivos y por último, en la última disposición se encuentra el neocórtex relacionado con los mamíferos más evolucionados o superiores.  El Cerebro reptiliano sería para McLean 1990 la parte de nuestro cerebro más primitiva y antigua, lo que hoy se conoce como instintivo, reptiliano o paleoencéfalo, este cerebro está conformado por los ganglios basales y el sistema reticular.  Alojado en el tronco cerebral, es la parte más antigua del cerebro, que rige los impulsos de la supervivencia. Se rige por el puro presente, no piensa, simplemente es pura impulsividad y reacción. En el cerebro reptiliano se procesan las experiencias primarias, no verbales, el actuar. Es el responsable de la conducta automática o programada con un repertorio limitado, incluyendo las acciones que han de realizarse para sobrevivir.
Para McLean, el mesoencefalo, o cerebro medio es una estructura más evolucionada con componentes relevantes que se corresponden con el sistema Límbico, y que según el autor, comienza a desarrollarse en los mamíferos, físicamente posicionado sobre el cerebro reptiliano.  Este  sistema Límbico participa tanto en la memoria como también en la vida instintivo emocional. Esto es lo que permite que un recuerdo siempre esté asociado a un sentido y significación dentro de la historia del sujeto.  El sistema límbico está interconectado recibiendo informaciones aferentes influyendo a su vez en las actividades efectoras vegetativas y somatomotoras, siendo por ello indiscutible su relación con la afectividad, así mismo las conductas emocionales como miedo, cólera y las que fueran motivadas por necesidades fisiológicas como alimentación.  Todas estas formaciones subcorticales, como el hipotálamo que oficia de centro de las motivaciones de los actos de expresión emocional, se hallan vinculados a las manifestaciones de la existencia de la persona. El sistema denominado Límbico, además de su intervención en la vida instintivoafectiva, posee otra función: colabora en la transformación de la información en memoria.   Con el tiempo aparece con una mayor progresión evolutiva, la tercera y última formación, la corteza cerebral que privilegia al ser humano con el sustrato para el pensamiento racional. La corteza cerebral es en gran parte el sustento neurobiótico de la actividad intelectual.  Este cerebro, nuevo en sentido evolutivo, denominado corteza cerebral, o neocórtex se encuentra sobre las formaciones más antiguas, es tan extenso que tuvo que conformarse en pliegues para caber en la caja craneana, su espesor varia de 1,4 a 4 milímetros, se encuentra recubriendo cada hemisferio cerebral proporcionando los circuitos que permiten los procesos cognitivos y funciones superiores, como la función ejecutiva.  El neocórtex se compone casi en su totalidad de sustancia gris con alrededor de diez mil millones de neuronas; es el producto final de la evolución filogenética del ser humano permitiendo aquel proceso de planificar, anticipar, inhibir respuestas; elaborar estrategias, juicios y razonamientos acorde a demandas y exigencias sociales y personales.
Todas estas funciones dependen de regiones del encéfalo de maduración tardía estrechamente vinculadas a la plasticidad neuronal (concepto desarrollado en otro artículo del presente blog), y a la generación de nuevas conexiones neuronales. Castaño (2005) es de la idea de que la corteza prefrontal está constituida por neuronas con capacidad de procesamiento multimodal y que su maduración sigue un proceso más lento que el resto del cerebro  completándose recién al final de la adolescencia, optimizando así funciones como la anticipación, planificación, memoria de trabajo, control emocional con inhibición de impulsos y de respuestas incorrectas, flexibilidad cognitiva y capacidad de abstracción. 
Y como para concluir, agrego que, seguramente si cerramos los ojos y pensamos en muchos de nuestros conocidos podríamos imaginarnos, cual de estos cerebros prepondera en cada caso... 

 Realizado por el licenciado en psicología Carlos Ontivero. 


domingo, 1 de mayo de 2016

Acompañante Terapéutico - Asistente Externo - Maestra integradora

¿Cuál es la diferencia?
 He notado que generalmente estas figuras generan confusión, no se sabe bien cuál es la diferencia entre ellos y cuáles son específicamente sus incumbencias.
Podríamos decir que el Acompañante Terapéutico, es una figura con incumbencia en el área de la salud, es un sujeto con una formación específica y determinada que lo habilita a acompañar a otros que se encuentran atravesando una situación compleja en relación a su salud psíquica, física o emocional. 
El AT, o acompañante terapéutico, (en circunstancias óptimas) debe trabajar inserto dentro de un equipo terapéutico, generalmente se trata de un equipo de salud interdisciplinario, donde el AT es quien realizaría el trabajo de asistencia y apoyo por varias horas a su acompañado.  Es necesario tener presente que, del equipo tratante, es el Acompañante Terapéutico el que se vincula  mayor cantidad de tiempo con el paciente, por lo que su labor, y conocimiento de la problemática es sumamente importante para el bienestar y la evolución de la persona asistida, aspecto que no debe ser desestimado por los profesionales del equipo de salud interviniente.
Entonces, podemos decir que el AT es una persona contratada, perteneciente al área de la salud, que se inserta en la vida diaria del acompañado, en sus hábitos, hogar. En resumen, en el ambiente de la persona que lo necesita, con el objetivo máximo de que el acompañado pueda  progresivamente ir prescindiendo de sus servicios al ir alcanzando su funcionamiento autónomo e independiente, más allá de que deba o no continuar con las consultas profesionales que hacen a su tratamiento.  Siempre y cuando esta autonomía  se pueda plantear, ya que todos los cuadros clínicos no evolucionan del mismo modo.
¿Y cómo se inserta el AT en el tratamiento del paciente? ¿Quién lo contrata?
Es la familia del paciente quien debe solicitar al médico de cabecera de la obra social,  la necesidad de que la persona cuente con el servicio de AT, entonces el médico realiza la orden para su convocatoria; luego el AT debe confeccionar un plan de trabajo detallando la modalidad de intervención, objetivos, honorarios, encuadre, datos del paciente y demás; esto se presenta conjuntamente con la orden del médico en la OS y una vez evaluado y autorizado el plan de trabajo, comienza la labor del AT.  Debemos tener presente que la figura del AT no se encuentra en el nomenclador (listado de honorarios nacionales), por lo que, generalmente, cada OS abona diferentes honorarios, valor hora.  Por ejemplo, PAMI abona $xx con un tope máximo mensual, monto que se distribuye en las horas a facturar a la OS que el AT convenga con la familia del paciente, no importa la cantidad de horas convenidas, la facturación nunca puede superar el monto máximo de dinero que propone PAMI.
En relación al Asistente externo o AE, la situación es diferente, su incumbencia es, exclusivamente en el sistema educativo. Su accionar se sustenta en la Ley de Educación 26206, quien establece que se debe garantizar la inclusión educativa brindando a todas las personas la posibilidad de desarrollar sus máximos posibilidades, esto facilitado por planes y estrategias adecuadas para su objetivo.  La ley nacional 26061 y la Ley provincial 13298, establecen los derechos de los niños, niñas, y adolescentes, refiriendo a una educación integral que los prepare para el ejercicio de la ciudadanía, la convivencia y el trabajo democrático. Por ello la Dirección General de Cultura y Educación tiene la responsabilidad indelegable de garantizar y supervisar una educación general inclusiva, respondiendo a la Convención Internacional sobre los derechos de la personas con discapacidad quien compromete a los estados parte a que las personas en situación de  discapacidad reciban la atención educativa que les corresponde y no sean excluidos del sistema de educación.
La incumbencia del AE está dirigida a la asistencia, atención y/o apoyo  personal, la integración social, vincular, y a la contención física y emocional del alumno acompañado cuando sea necesario. Siempre recordando que, pierde todo sentido la figura del AE, si el niño queda en segundo plano prevaleciendo solamente el temor y la necesidad de los adultos y las instituciones que lo contienen y acompañan.
Es importante aclarar que la intervención pedagógica está a cargo exclusivamente de los docentes del sistema educativo involucrados en la enseñanza pertenecientes a la institución educativa, no es labor del “Profesional Externo” AE.  
Requisitos para operar como AE, ser un profesional de la salud, y puede pertenecer a una institución habilitada para tal ejercicio, por ello se debe tener presente que es un profesional ajeno al sistema educativo, por lo que no es miembro de la institución educativa.  
A diferencia del Acompañamiento terapéutico, y para ir diferenciando, el AE solo asiste en el área educativa, integrando socialmente al acompañado, asistiéndolo solamente en horario de cursada, y nunca fuera de la institución educativa.
También a diferencia del AT, el profesional externo, sí cuenta con una actividad nomenclada, por las 4/5 horas escolares diarias, es decir por jornada escolar.  Al igual que el AT su máximo objetivo es la autonomía del acompañado, poder ir retirando su figura progresivamente si las particularidades del caso lo permiten.
En cuanto a la Maestra Integradora, debe tratarse de  una profesional con sólida formación pedagógica, como el caso de una maestra especial, o una psicopedagoga. Su función es la de facilitarle al niño los contenidos curriculares, realizando adaptaciones de ser necesario, y/o generando estrategias conjuntamente con el docente institucional para que el niño pueda adquirir, desde su particularidad, el máximo conocimiento posible.  Su incumbencia es siempre en relación a los contenidos pedagógicos y a las particularidades del aprendizaje del niño, niña o adolescente.  Su designación, en el caso de las escuelas públicas, se gestiona mediante la Secretaría de Asuntos Docentes, SAD.
             Realizado por el licenciado en psicología Carlos Ontivero. 

Acompañante Terapéutico - Asistente Externo - Maestra integradora

¿Cuál es la diferencia?
 He notado que generalmente estas figuras generan confusión, no se sabe bien cuál es la diferencia entre ellos y cuáles son específicamente sus incumbencias.
Podríamos decir que el Acompañante Terapéutico, es una figura con incumbencia en el área de la salud, es un sujeto con una formación específica y determinada que lo habilita a acompañar a otros que se encuentran atravesando una situación compleja en relación a su salud psíquica, física o emocional. 
El AT, o acompañante terapéutico, (en circunstancias óptimas) debe trabajar inserto dentro de un equipo terapéutico, generalmente se trata de un equipo de salud interdisciplinario, donde el AT es quien realizaría el trabajo de asistencia y apoyo por varias horas a su acompañado.  Es necesario tener presente que, del equipo tratante, es el Acompañante Terapéutico el que se vincula  mayor cantidad de tiempo con el paciente, por lo que su labor, y conocimiento de la problemática es sumamente importante para el bienestar y la evolución de la persona asistida, aspecto que no debe ser desestimado por los profesionales del equipo de salud interviniente.
Entonces, podemos decir que el AT es una persona contratada, perteneciente al área de la salud, que se inserta en la vida diaria del acompañado, en sus hábitos, hogar. En resumen, en el ambiente de la persona que lo necesita, con el objetivo máximo de que el acompañado pueda  progresivamente ir prescindiendo de sus servicios al ir alcanzando su funcionamiento autónomo e independiente, más allá de que deba o no continuar con las consultas profesionales que hacen a su tratamiento.  Siempre y cuando esta autonomía  se pueda plantear, ya que todos los cuadros clínicos no evolucionan del mismo modo.
¿Y cómo se inserta el AT en el tratamiento del paciente? ¿Quién lo contrata?
Es la familia del paciente quien debe solicitar al médico de cabecera de la obra social,  la necesidad de que la persona cuente con el servicio de AT, entonces el médico realiza la orden para su convocatoria; luego el AT debe confeccionar un plan de trabajo detallando la modalidad de intervención, objetivos, honorarios, encuadre, datos del paciente y demás; esto se presenta conjuntamente con la orden del médico en la OS y una vez evaluado y autorizado el plan de trabajo, comienza la labor del AT.  Debemos tener presente que la figura del AT no se encuentra en el nomenclador (listado de honorarios nacionales), por lo que, generalmente, cada OS abona diferentes honorarios, valor hora.  Por ejemplo, PAMI abona $xx con un tope máximo mensual, monto que se distribuye en las horas a facturar a la OS que el AT convenga con la familia del paciente, no importa la cantidad de horas convenidas, la facturación nunca puede superar el monto máximo de dinero que propone PAMI.
En relación al Asistente externo o AE, la situación es diferente, su incumbencia es, exclusivamente en el sistema educativo. Su accionar se sustenta en la Ley de Educación 26206, quien establece que se debe garantizar la inclusión educativa brindando a todas las personas la posibilidad de desarrollar sus máximos posibilidades, esto facilitado por planes y estrategias adecuadas para su objetivo.  La ley nacional 26061 y la Ley provincial 13298, establecen los derechos de los niños, niñas, y adolescentes, refiriendo a una educación integral que los prepare para el ejercicio de la ciudadanía, la convivencia y el trabajo democrático. Por ello la Dirección General de Cultura y Educación tiene la responsabilidad indelegable de garantizar y supervisar una educación general inclusiva, respondiendo a la Convención Internacional sobre los derechos de la personas con discapacidad quien compromete a los estados parte a que las personas en situación de  discapacidad reciban la atención educativa que les corresponde y no sean excluidos del sistema de educación.
La incumbencia del AE está dirigida a la asistencia, atención y/o apoyo  personal, la integración social, vincular, y a la contención física y emocional del alumno acompañado cuando sea necesario. Siempre recordando que, pierde todo sentido la figura del AE, si el niño queda en segundo plano prevaleciendo solamente el temor y la necesidad de los adultos y las instituciones que lo contienen y acompañan.
Es importante aclarar que la intervención pedagógica está a cargo exclusivamente de los docentes del sistema educativo involucrados en la enseñanza pertenecientes a la institución educativa, no es labor del “Profesional Externo” AE.  
Requisitos para operar como AE, ser un profesional de la salud, y puede pertenecer a una institución habilitada para tal ejercicio, por ello se debe tener presente que es un profesional ajeno al sistema educativo, por lo que no es miembro de la institución educativa.  
A diferencia del Acompañamiento terapéutico, y para ir diferenciando, el AE solo asiste en el área educativa, integrando socialmente al acompañado, asistiéndolo solamente en horario de cursada, y nunca fuera de la institución educativa.
También a diferencia del AT, el profesional externo, sí cuenta con una actividad nomenclada, por las 4/5 horas escolares diarias, es decir por jornada escolar.  Al igual que el AT su máximo objetivo es la autonomía del acompañado, poder ir retirando su figura progresivamente si las particularidades del caso lo permiten.
En cuanto a la Maestra Integradora, debe tratarse de  una profesional con sólida formación pedagógica, como el caso de una maestra especial, o una psicopedagoga. Su función es la de facilitarle al niño los contenidos curriculares, realizando adaptaciones de ser necesario, y/o generando estrategias conjuntamente con el docente institucional para que el niño pueda adquirir, desde su particularidad, el máximo conocimiento posible.  Su incumbencia es siempre en relación a los contenidos pedagógicos y a las particularidades del aprendizaje del niño, niña o adolescente.  Su designación, en el caso de las escuelas públicas, se gestiona mediante la Secretaría de Asuntos Docentes, SAD.
             Realizado por el licenciado en psicología Carlos Ontivero.